¿Es el fin de Volkswagen?

El Arrecife― 1933, Hitler llega al poder y una de las primeras medidas que toma es acabar con la hegemonía francesa y británica en la industria del automóvil, para ello decide crear en Alemania una gran fábrica de automóviles destinada a que todos los alemanes tuvieran coche. Hitler diseña un coche popular, el coche del pueblo, o dicho en alemán el «volks wagen».

Bienvenidos al Arrecife.

Si hablamos de Volkswagen todos pensamos en su automóvil estrella, el escarabajo, este mítico coche fue personalmente diseñado por el mismísimo Hitler, ya que fue él mismo quien sobre un boceto de Ferdinand Porsche, le dió su característica línea. Y curiosamente son el escarabajo y la popular Bulli de Volkswagen, símbolos del movimiento hyppie y pacifista de los años sesenta. Todo una paradoja histórica.

Once millones de vehículos, esas son las cifras que se manejan en torno a la gran macro-estafa de la emisión de gases. Algo sin precedentes en la industria del automóvil. La hasta ahora honrada y seria industria alemana ve cómo cae de un plumazo toda su reputación. Ya no son los vagos del Sur los de las trampas, ya no son los chinos los de los atajos. Son los mismos alemanes. Esos que tanto han criticado los países del Sur de Europa. Esos que han criticado la falta de productividad a griegos, italianos, españoles, portugueses ¿Es esa la productividad que proponen? Ser los primeros a costa de lo que sea. Todo vale, trampas, recursos naturales, contaminación, derechos sociales… ese es el precio para ser más productivos.

Si una industria alemana, la tercera automovilística del mundo, es capaz de engañar durante años a toda Europa y de paso a la Agencia Norteamericana de Medio Ambiente, si ha tenido valor de trucar millones de vehículos para ahorrarse seiscientos euros por coche, coches que son, además, de alta gama la mayoría de ellos, si esto lo hacen los que predican la austeridad, el trabajo y la honradez ¿qué harán los demás?

¿Qué está pasando en esta sociedad? ¿Hacia dónde nos están llevando? Esto es una lección, un aviso a navegantes. Desconfiad, contrastad, buscad la verdad. Porque la única verdad que hay para el sistema es la que se cuenta en billetes.

Ellos son los serios, los honrados, los mismos que nos tachan a los medios de comunicación alternativos, a las redes sociales y a los que buscan la verdad de conspiranóicos, de freakies, de raros. Ellos son los del prestigio. Nosotros, esos de Internet. Lo que dicen ellos va a misa. Los demás tenemos que publicar fuentes, mostrar datos, estudios, solo nos falta tener que jurarlo por todo nuestro árbol genealógico. A cambio de todo esto, en muchas ocasiones: insultos.

Que el agua marina cura: locos que beben agua del mar. Que el MMS (clorito de sodio) cura: irresponsables que juegan con la salud. Que el jengibre evita las náuseas: los colgados de las hierbas. Lo correcto es lo que ellos dicen. Lo serio no es tomar jengibre en el embarazo, no, no, con el embarazo no se juega, nada de yerbajos: lo que diga la industria farmacéutica. Y acaba pasando lo que pasó con la talidomida, que evita las náuseas y de paso generaba malformaciones a los bebés, un «pequeño» efecto secundario que ha dejado a miles de personas amputadas y que a la honesta y seria industria farmacéutica alemana Grünenthal le ha salido gratis en España. Ni un solo euro de indemnización. Usando lo que llaman justicia para librarse de las indemnizaciones. Dicen que ha prescrito pero yo no veo que pasados los años hayan prescrito las secuelas de los que están mutilados ahora, ayer y mañana.

Esa es la forma que tiene la seria industria alemana de responsabilizarse y apechugar con las consecuencias. Ni un euro ¿Y qué pasó con aquellos fármacos que ponían los dientes amarillos? ¿Qué pasó con el Myolastan que producía sarpullidos? ¿Qué pasó con el Optalidon que tenía un barbitúrico que te creaba adicción? ¿Qué ha sido de todos estos medicamentos? ¿Dónde están los responsables?

No quiero pensar si hubiéramos sido nosotros los que hubiéramos sacado al mercado productos naturales con esos efectos. Estaríamos todos en la cárcel.

Pero ellos son los serios, los alternativos somos una especie de perroflautas virtuales. Pero lo malo es que si nosotros cometemos un fallo, por mínimo que sea, nos cae encima todo el peso de la ley. Pero a ellos les va a pasar factura. Y lo peor de todo, lo más triste de todo esto ¿seremos nosotros quienes pasaremos la factura? La gran maquinaria publicitaria, hará que pase a la historia la gran estafa de los once millones de coches trucados, y dentro de unos meses, nos habremos olvidado de esto, de la misma forma que nos olvidamos, quien fue en su día el creados de Volkswagen.

Espero que este trabajo haya sido de vuestro agrado y os invito a que os suscribáis, aquí, al Arrecife

Fuente https://www.youtube.com/watch?v=SqWngIlPjKI

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