Lío Monumental

Pedro Ruiz Hidalgo― En la siempre cambiante y compleja sociedad española hay dos pueblos que reclaman la independencia del Estado Español, son Cataluña y Euskadi. Ambas reclaman de diversa forma, medios, y con distintas historias cada una de ellas. No voy a considerar las motivaciones de estos dos pueblos ―ni sus formas―, voy a tratar de poner en claro qué pienso acerca de este lío monumental político que sufrimos hace ya algunos años. Esto va a explotar en algo, aunque no sé en qué.

Tras la muerte del dictador Franco, España crea una «ley del olvido» para comenzar con la mayor paz posible la nueva fase que se avecinaba. Con alguna reserva, llamaremos a esta fase «constitucional». La ley del olvido, en la práctica, significa que todo crimen cometido durante la época fascista debe ser perdonada para construir un estado que debe avanzar a partir de este punto. El rey Juan Carlos I, educado por el dictador, juraba las leyes fundamentales del movimiento de Franco. Él juró la totalidad de estas leyes, luego también juró los artículos que permitían disolver el movimiento y la forma de estado franquista. Consiguiendo  convencer a la mayoría del parlamento franquista. A partir de ese momento comienza a crecer un nuevo país ―que ha prometido seguir sin la memoria de los crímenes sociales y políticos― donde todo el capital pertenece a aquellos quienes poseían el capital en el anterior sistema político. Otra forma de expresarlo: se hace que el pueblo olvide y perdone mientras que los centros de poder y capital son exactamente los mismos. La élite no ha cambiado. El Capital está en el mismo sitio. Los políticos, aunque con incorporaciones de partidos y personas necesariamente de la izquierda, siguen siendo los mismos. La estructura de poder y personas que lo integran no cambia porque el pueblo no tiene una cultura democrática. Exteriormente esta situación es completamente transparente en el extranjero. En el exterior se ve a un país que ha cambiado.

Agentes de la CIA piden opinión a Juan Carlos I, a empresarios vascos y catalanes para asegurar una transición tranquila a cambio de ceder al entonces enemigo marroquí una provincia española en el desierto del Sahara.

Los niveles intelectuales, culturales, técnicos y sociales de aquella España, tras un aislamiento de casi cuarenta años es grandísimo respecto de otros países europeos. Pero España tiene que comenzar a progresar de cualquier forma. Adolfo Suárez constituye un gobierno democrático, no exento de peligros, como golpes de estado o tentativas de ellos que están en nuestra memoria colectiva. No obstante España progresa. Si bien en este progreso están presente políticos vascos y catalanes ya que ellos representan un numero suficiente de escaños para aportar estabilidad o forzar la caída de cualquier gobierno. Los políticos vascos y catalanes no se caracterizan por ser estúpidos. Ellos obtienen beneficios políticos por sostener a cualquiera gobierno, pro aportar estabilidad. Así llegamos a estos días.

En esta historia es muy importante conocer que la Lista Falciani ha caído en manos del Estado Español, y allí se publica que el anterior presidente de Cataluña tiene una inmensa fortuna que no puede explicar. Se sospecha que toda obra pública en Cataluña ha sido aprobada con un sobre del ―ya famoso en España― 3% para el político que aprueba el proyecto.

Blandir una bandera como resultado de la gran voluntad de parte del pueblo catalán, quien seguramente, obra de buena fe, conviene a los políticos que tras años de hacer caja el 3% de comisión llegan a decir «España nos roba». Mientras que el gobierno español es sustentado por quien su mayor mérito político es no hacer nada y esperar a que el problema desaparezca y amaine. Cataluña, a través de su presidente Mas, a avisado muchas veces para alcanzar un acuerdo. Llegando incluso a hacer un simulacro de referéndum ilegal para avisar que la próxima vez no será una prueba, no será una broma.

La próxima vez, él hace un decreto para crear unas elecciones regionales que sean «en sus sueños» un plebiscito para decidir si se declara la independencia. Claro, otros partidos expresan la idea totalmente opuesta ―manteniendo que es una elección al parlamento regional― y así se divide a Cataluña en dos grupos: los del sí ―independentistas― y los del no ―unionistas―. Para liar un poco más la cosa hay partidos de derecha e izquierda en ambas posiciones. Tras unas catastróficas políticas muchos de sus representantes son nuevos por haber destituido a los anteriores cabeza de partido.

Tras la celebración del plebiscito o elección autonómica, los partidos pro independencia tienen minoría de votos, si bien con la ley D’Hont ellos tienen más escaños. Los unionistas tienen mayoría de votos si bien menor representación por nuestra forma de asignar escaños a cada partido. El próximo diciembre tenemos elecciones nacionales. Y un rey que ha sustituido a su padre por tantísimos escándalos monetarios y de faldas.

La cena está servida

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